La casa de Matías Dalla Fontana es acogedora, no sólo por sus tonos marrones, sus muebles o el aura que desprende su living; sino también por su perro Poncho, por Lola su mujer y por él mismo, personas, animales y cosas que convierten al espacio en un lugar hospitalario. La entrevista se gesta entre sofás y sillones, envueltos por una biblioteca al estilo horror vacui, esbozada de libros (algunos desterrados de los estantes se posan sobre la mesa ratona), además nos abrazan pinturas, fotografías, objetos de diseño y la mirada del perro. Hasta allí nos fuimos, en pleno barrio Candioti, a entrevistar al ex jugador de los Pumas, psicólogo y militante social. A que nos cuente de su vida, sus experiencias y su enorme trabajo comunitario, el de un hombre común, que tiene una misión titánica en el triste escenario de las clases populares santafesinas: inculcar los valores del deporte en comunidades fragmentadas por el olvido y la desesperanza.  

El apalabrado ambiente en donde transcurre la charla

La organización Deporte solidario es hija de la crisis de 2001. Al igual que diversos proyectos sociales que buscan tender un puente hacia los descartados del sistema, este espacio germina con la debacle de principios de siglo. Cuando todo parecía derrumbarse, cuando los grandes valores del ciudadano argentino parecían diezmados por más de una década de neoliberalismo, nacía en la ciudad de Santa Fe un proyecto solidario obstinado en devolver esperanzas, pequeñas pero vitales esperanzas de que la vida podía ser un poco mejor, de que había prácticas que estaban en lo profundo del ser nacional y que el deporte era una excelente herramienta para reflotarlas desde las profundidades del abatimiento generalizado, y hacia allí fueron Matias y Emiliano Dalla Fontana. 

“Nació una mañana de domingo en el barrio Villa Oculta en plena crisis de 2001, recuerdo que el padre Atilio Rosso nos invitó a hacer una actividad a un playón de Los Sin Techo con los pibes del barrio, a enseñarle rugby, a pasar juntos una jornada. Y ahí dijimos ¿por qué no aportar a través del deporte un granito de arena para una Santa Fe integrada, con más justicia social y más amor? De a poco comenzamos, primero con ese evento y luego con organización y constancia formamos lo que es hoy Deporte Solidario” explica Matías.

Deporte solidario trabaja en torno a la salud mental y los consumos problemáticos en poblaciones vulneradas socialmente. Según diversos estudios sobre el consumo de drogas en América Latina hay tres fenómenos que se están produciendo en la actualidad: menor edad en la cual los adolescentes consumen, baja percepción del riesgo y fácil acceso a conseguir los estupefacientes. Esto genera un cóctel letal en sociedades fragmentadas por el desempleo y por paupérrimas condiciones de poder adquisitivo. 

Hay una crisis que atraviesa a la sociedad en dos ejes nocivos: el individualismo y el materialismo, que proponen a un hombre atomizado y por lo tanto a una comunidad disociada. Hoy esto se ve reflejado en dos enormes problemáticas: el sedentarismo y la soledad” explica Matías demostrando una sólida base de fundamentos políticos y filosóficos. Por sobre su cabeza, y colgando arriba de la pila de libros que inunda la biblioteca se encuentra un cuadro de Juan Perón. Muchas de las ideas que vuelven al living masticadas y digeridas en largas horas de reflexión por parte del psicólogo corresponden al trascendental líder político. Como si aquella propuesta nodal que fuera la comunidad organizada y el sueño de una argentina socialmente justa empujara toda su acción y su militancia. 

Deporte Solidario tiene diversas aristas de trabajo. Hoy su propuesta principal es la de colaborar en la gestación de clubes de barrio, reunir un grupo de vecinos y hacerlos protagonistas de la organización. “El verdadero desafío, es crear clubes y hacer que estos sigan funcionando aún cuando nosotros nos retiramos del lugar, porque la construcción no es para nosotros, sino para los vecinos”. Es así que desde el proyecto entienden que los clubes permiten la organización comunitaria como arma de combate contra el individualismo, garantizando una formación integral del sujeto y aportando valores como el compromiso y la solidaridad en un marco sano. No es cliché, por tanto, el slogan de una hora más en el club una menos en la calle (hoy también podríamos decir, en la computadora o en el celu).  

Sin embargo las condiciones de trabajo se producen en contextos de extrema vulnerabilidad. Ante la pregunta de cómo lograr las condiciones deportivas aptas cuando, por ejemplo, los pibes van al club con hambre o provienen de familias desempleadas Dallafontana despliega una cara de preocupación, y comenta: “Hoy las mujeres tienen miedo de salir a la calle, los hombres están abatidos porque no tienen trabajo. Ese gran ordenador social que era el trabajo falta en muchos hogares. A eso se le suma el problema de la droga que es una dura realidad de los barrios, y eso genera condiciones muy adversas, aún así seguimos trabajando”. 

Pero la organización no solo está presente en los barrios santafesinos sino que además interviene en unidades carcelarias. Tal es el caso de la cárcel de las Flores en nuestra ciudad, que según Emiliano (hermano de Matías) es el único penal del país en donde los presos de distintos pabellones se mezclan para jugar al rugby. En donde jóvenes enfrentados por riñas y disputas, se olvidan por un momento de aquella cruda realidad, juegan juntos, se divierten y aprenden. “La mayoría de quienes estaban ahí no habían jugado rugby nunca en su vida, y realmente es una experiencia increíble. Genera mucha felicidad y agradecimiento por parte de los internos y demuestra el poder que tiene el deporte” cuenta Matías.

Hoy Proyecto Deporte Solidario cuenta con más de dos décadas de trabajo, tiene funcionando su propio centro de salud mental y reúne decenas de experiencias e iniciativas en torno a los clubes de barrio y otros escenarios de vulnerabilidad social. Para esto se vincula con distintos actores, sindicatos, clubes, empresas, parroquias y por supuesto el Estado en sus diferentes estamentos. En definitiva es este último el que cuenta con mayores herramientas para fomentar el deporte como práctica educativa e integradora. Tal es el caso, por ejemplo, de la asignación universal por deporte que es ley a nivel nacional pero que inexplicablemente no se implementa en la ciudad. La puesta en marcha de este proyecto local es impulsada por el concejal Federico Fulini, y permitiría financiar instituciones barriales, tesoros de la comunidad que sufren constantes penurias económicas.

De eso es consciente Matías Dallafontana, los clubes son verdaderos tesoros, el deporte que allí se practica representa una verdadera herramienta de inclusión social y de amor al prójimo. Por eso trabaja desde hace más de veinte años. En esa profunda vocación, suya y de cada militante, subsiste y camina Deporte Solidario. En la sonrisa de los pibes al patear una pelota, en el abrazo al compañero, en la derrota y en la victoria, en el aprendizaje y el compromiso; allí, en todo eso, subsiste y camina Deporte Solidario. 

La calidez y los conocimientos del anfitrión hacen que el tiempo de la preciosa tarde otoñal se vuelva arena. Pronto Matías debe asistir a entrenar como profesor en el CRAI, por lo que El Estelar se despide con su propia misión: contar esta historia de servicio social desinteresado. 

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