En el corazón de Barrio Guadalupe el artista César Lopez Claro junto a su esposa, Maria Brizzi, dejaron una huella imborrable para la cultura de la ciudad: su propia casa, hoy convertida en museo. En esta nota te contamos todo sobre el espacio  que mantiene vivo el legado del gran muralista y pintor argentino. 


En el norte de la ciudad de Santa Fe bajo la fachada de una sencilla casa de barrio, existe un espacio cultural que alberga decenas de obras y piezas artísticas. Sus veredas de losas color ladrillo están sobre la calle Piedras al 7352, una cuadra al oeste de la Basílica de Guadalupe. 

Antes de convertirse en museo, este lugar fue casa de la familia que conformaban César López Claro y María Herminia Brizzi. Ambos eran de la  provincia de Buenos Aires, pero la vida y los vaivenes laborales hicieron que se asentaran en Santa Fe, lugar que eligieron para vivir hasta sus últimos días. Fue aquí, producto de una enorme vocación artística, dónde se gestó este espacio abierto a la comunidad y consagrado a diversas manifestaciones creativas.

Recorrido

El museo se puede recorrer en cualquier orden, sin embargo, el visitante se topa primero con la sala Goya que está a la derecha del ingreso. Su pared totalmente vidriada mira al oeste, justo sobre la calle Piedras, y deja que la luz del día brille con toda intensidad detrás de las cortinas blancas. Esta sala fue donde, durante la Museo Maratón de mayo y también en el pasado mes de julio, se exhibió una nueva micro-muestra llamada ”López Claro, los primeros retratos”. En ella se exhibieron obras correspondientes a la etapa de formación inicial del artista, en su natal Buenos Aires, durante la época de 1930. Un rasgo que se destaca en esos primeros retratos es la configuración del cuerpo, particularmente el tamaño desproporcionado y aumentado de las manos y los pies. Muchas piezas de López Claro se caracterizan por ser representaciones sociales y, en particular, el tamaño de las manos es una alusión a los trabajadores.  

López Claro, a la obra.

La última exhibición se presentó con una dinámica creativa y por eso contaba con la propuesta, para todas las edades, de realizar actividades manuales. Una de las opciones era flores para María, con la consigna de crear flores de papel para quien fue la esposa de César; la otra propuesta incluía el tallado de bajorrelieves (técnica de esculpido) en jabón. La muestra también se planeó con un carácter inclusivo para sus visitantes: desde el museo decidieron implementar cartelas con contenido detallado. Las cartelas son tarjetas informativas y concisas que acompañan a los elementos que se exponen, y desde esta nueva exposición se diseñaron para personas con discapacidades visuales. El objetivo es que puedan reconstruir la obra que se exhibe a partir de que un mediador lea los datos descriptivos. 

De regreso al recorrido sigue la Sala Litoral, que avanza en espacio y tiempo. En esta nueva habitación López Claro construyó vitrinas en las paredes y en ellas atesoró las piezas artesanales que reunió a lo largo de sus distintos viajes por Latinoamérica. Nidia Maidana, directora del departamento de Museos de Artes Visuales de la Municipalidad, cuenta que están trabajando para identificar el origen de las artesanías y lo que ellas representan. De eso se encarga Raquel Garigliano, una historiadora santafesina del arte que busca determinar los ritos, bailes y costumbres populares a los que aluden las figuras. 

Vitrina de la Sala Litoral con cuchimilcos (figuras originarias de la cultura chancay, Perú). 

En la Sala Litoral también se encuentran en exposición algunos de los cuadros de grandes dimensiones que pintaba el artista. Expresó su pasión de diferentes modos: desde períodos históricos particulares del país, relacionados a la represión y la violencia, hasta la incorporación de elementos como cartón, papel de diario o tela para mostrar problemáticas políticas y sociales.

La última sala que se puede visitar suele conocerse como la sala de los murales, pero su nombre es América. Además de ser muy amplia y de gran altura tiene un magnetismo visual instantáneo. Los colores armonizados en los murales captan la atención al momento de ingresar. En ellos, López Claro registró para siempre las distintas temporalidades de sus viajes e influencias personales. Las paredes norte y este, pintadas entre 1960 y 1970, cuentan narrativas populares relacionadas a personajes de los pueblos originarios de Sudamérica. Por otro lado, la pared oeste fue la última que pintó, durante 1990, y en ella retrató algunas personalidades que consideraba referentes en la historia latinoamericana como Bolívar, José Martí y el Che Guevara. 

Además, el artista dejó su huella pictórica en distintos espacios de la ciudad de Santa Fe. Por ejemplo, hacia 1986 realizó lienzos que aplicó definitivamente, con ayuda de alumnos y profesores, en la cúpula de la Escuela Provincial de Artes Visuales “Juan Mantovani”. Los lienzos fueron pintados en la capital santafesina pero también se exhibieron en el Centro Cultural San Martín, en Buenos Aires. 

1986. Dos de los lienzos dispuestos en la cúpula de la escuela Mantovani. Gentileza Casa Museo César López Claro.

Año 1992. César López Claro en el Salón de Actos de la Escuela N° 38 en ocasión de la restauración del mural pintado por él mismo, al cual denominó “América”. Gentileza Escuela N° 38 Brigadier Estanislao López.

En la hoja de sala del museo Raquel Garigliano describe a las obras de López Claro como “teñidas de lenguajes y contenidos diversos”, como un “verdadero patrimonio intercultural, en el que el artista fue entretejiendo tendencias de las vanguardias europeas y americanas”. Pero, además, dice que empleó el pincel y los colores como “herramientas de denuncia política, crítica social y protestas contestatarias”.

De casa a museo

Maira González es técnica en artes visuales y trabaja en la organización del patrimonio, el montaje y diseño de sala para las exhibiciones del museo desde el año 2017. Cuenta que la construcción de la casa data de principios de la década de 1940, y durante el tiempo que duró su edificación la familia Lopez Claro residió en un lugar alquilado, también en barrio Guadalupe.

Hacia 1990 la pareja decidió hacer una donación: en vida legaron su casa a la Municipalidad de Santa Fe para que el fruto de tantos años siguiera latiendo junto a la gente. Los bienes heredados se componen tanto de elementos artísticos (pinturas, esculturas, etc.) así como documentales (cartas, notas periodísticas, videos, catálogos de muestras propias o a las que asistió el artista). Al hablar de números la directora del museo especifica que hay alrededor de dos mil obras inventariadas. Además, existe una vasta producción (compuesta por dibujos, bocetos y ensayos gráficos) que está en proceso de catalogación, sobre la cuál calcula un aproximado de dos mil elementos más.

El pasado de un artista presente

María Elena está sentada detrás de un escritorio en su casa del barrio Guadalupe, lugar al que llegó hace cinco décadas. Sus recuerdos viajan en el tiempo para traer de vuelta a César y a María. Ella, con un encanto austero, cortando la tela para los vestidos que confeccionaba con su máquina de coser; él, siempre curioso por aprender sobre arte, sobre la vida, siempre atento a un mundo exterior que se canalizaba luego en sus creaciones. 

Si tuviera que describir a Cesar, ¿cómo lo haría?

—César era muy inteligente, muy comprometido, muy ilustrado y también solitario, su mayor compañía en la vida fue María. Tenía sus costumbres, por ejemplo, a las ocho de la noche, esté quien esté en su casa, él se iba a la cocina y preparaba dos huevos fritos para comer. También era muy especial, muy perceptivo, por eso todo lo que veía lo pintaba. 

¿Qué otra actividad solía realizar César? 

—Siempre estaba creando. Pinturas, esculturas, cerámicas. En una ocasión, durante la década de 1980, viajó a Chile y se quebró un brazo, y todos pensábamos ‘¿Qué va a hacer César un mes con el brazo enyesado?’ Cuando le pregunté me respondió ‘Yo soy zurdo. Con la mano derecha firmo’. Durante un mes estuvo pintando con la mano izquierda y dejó toda su producción por la casa sin firmar. Entonces cuando le sacaron el yeso fue y firmó las obras con la mano derecha.

¿Cuál es el aporte del museo al barrio Guadalupe y a la ciudad de Santa Fe? 

—El museo es el testimonio de una cultura, la americana, la santafesina; y el de toda una época, como las inundaciones, la represión, la dictadura. 

Las obras de César tenían un contenido social.

—Él tenía un compromiso con lo social y lo político. Había una frase que solía decir: “tristemente me divierto” cuando pintaba cuadros que eran muy duros. En una de sus pinturas retrató una pelea de perros, a la vuelta del proceso democrático, y siempre me decía “esos son los políticos que se pelean por el hueso”.

La mirada a futuro

Nidia Maidana responde con conocimiento de causa acerca de los desafíos de la conducción del museo, pero también profundiza en los planes para afrontarlos. Actualmente, los principales desafíos consisten en la preservación de la vasta cantidad de patrimonio y el mantenimiento edilicio. Otro de los principales retos que enfrenta la institución es su ubicación. En Santa Fe los espacios culturales se distribuyen principalmente en la zona centro y en el casco histórico. Como respuesta a este obstáculo la dirección planea articularse a futuro con la Secretaría de Turismo de la municipalidad. El propósito es establecer un recorrido en conjunto entre el museo y la Basílica Nuestra Señora de Guadalupe. Además, proyectan convocatorias a escuelas de la zona con actividades adecuadas a las edades e intereses de cada grupo. 

La Sala América funciona momentáneamente como lugar de guardado hasta que las obras de acondicionamiento edilicio finalicen.

Recorrer esta casa, escondida en un rincón del norte de la capital, resulta una grata experiencia para conectar con la cultura local y latinoamericana. Porque como explica Nidia Maidana: 

“Lopéz Claro fue un artista polifacético que desarrolló una obra muy vasta indagando y explorando en muchas técnicas de las artes visuales, que comprendieron desde la pintura en diferentes formatos, tamaños y materiales hasta la escultura, la cerámica, el grabado, las tintas y los dibujos. Realmente el legado que nos deja César es importantísimo, tanto para los vecinos y las vecinas de la ciudad de Santa Fe como para todos los habitantes de la Argentina”. 

Por Gerónimo Gioria y Belén Gorosito

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