El Barrio Sur conserva una magia peculiar e indescriptible. Serán las fachadas de los edificios que esconden un acervo aristocrático y eclesiástico, como de un poder elegante propio del siglo XIX. Serán tal vez los árboles viejos de la plaza 25 de Mayo que sobre sus hojas reposan recuerdos de nietos y abuelos jugando al reparo de su sombra. Será el aroma fresco a río que viene como un vendaval para hacerse carne en la identidad del lugar. Serán tantas cosas que embellecen y reconfortan. Sin embargo, todo aquello parece disentir con una sensación de miedo profundo que, en ocasiones, se encarna en el cuerpo de su gente cuando deben transitar las calles. Según los integrantes de la vecinal del barrio la inseguridad aumenta día a día, hasta incluso, se deben naturalizan estrategias para transitar con mayor tranquilidad. Un vecino nos cuenta:  

“A veces se trata de hacer un mapa de recorridos. No es tan difícil una vez que conoces el barrio, solo hay que entender la dinámica de las calles. Monseñor Zaspe, Corrientes y Moreno no tienen luz, así que para ir del este al oeste es mejor caminar por las zonas principales e iluminadas… O en su defecto, correr en la oscuridad. 9 de Julio tiene varias instituciones educativas que están abiertas hasta después de que el sol se esconde; así que las ventanas iluminadas y el andar de los estudiantes sirven de camuflaje. Uno se acostumbra, lamentablemente se acostumbra”.  

La gran mayoría de delitos ocurre de la mano de los motochorros. Esperar en la parada de colectivo significa observar el movimiento de las nubes hasta que el destino te sorprenda con uno de ellos y con una fría impunidad entone la frase más cliché: “¡dame todo!” para luego doblar en la esquina siguiente y cerrar el espectáculo con toda la función de pie.

A diario, en la escena caótica del centro de la capital, las historias de mapas de recorridos y rituales que intentan sortear la inseguridad se replican. Es por eso que la subcomisión de seguridad de la vecinal Pedro A. Candioti propone que la situación sea abordada desde dos perspectivas: las instituciones del gobierno y las familias del barrio Sur. En este sentido, la asociación presenta un informe que desarrolla tres lógicas para que los vecinos puedan participar activamente de una solución. 

En primer lugar, remarcan que es importante que los afectados denuncien a las autoridades correspondientes, así estas pueden realizar una investigación en las áreas específicas donde el crimen está concentrado. Por otro lado, se plantea que los vecinos desarrollen vínculos de confianza, sentido de responsabilidad y pertenencia al barrio para poder implementar proyectos como las alarmas comunitarias o los grupos de mensajes barriales, estas acciones funcionan como medidas de protección mutua y comunicación inmediata. 

Otro eje en el que se hace hincapié es la importancia y necesidad de mejoras en la infraestructura del barrio. La nula luminaria de las calles y la falta de poda de los árboles, que a veces obstaculizan las carteleras y luces, son ejemplos de factores que generan “zonas calientes” (lugares que por sus características estructurales, de iluminación, etc., son propicios para los delitos de robo). Peticionar para que problemas como estos sean gestionados y solucionados por encargados de Obras y Servicios Públicos significa una forma activa de participación ciudadana. 

Florencia, de 32 años e inquilina del barrio, cuenta que hay presencia policial en la zona. Los patrulleros circulan durante el día y hasta las 20 horas, por eso agrega que “Después de esa hora no salgo más porque no hay postes de luz, así que cuando cierran los comercios y escuelas quedan las calles vacías y oscuras”. 

Los planteos de la vecinal se respaldan en datos como mapeos sobre los hechos delictivos; el primero realizado en el periodo pre-pandemia por la institución misma y el segundo, más actualizado, es un relevamiento de la Guardia de Seguridad Institucional (GSI). 

Desde mayo de 2022 la GSI patrulla y monitorea la zona como una actividad que forma parte de un proyecto municipal. Entre los eventos relacionados a la inseguridad se destacan los robos o intentos de robo en la vía pública. Estos hechos no tienen un horario fijo, sino que se producen en distintos momentos del día. 

Relevamiento de hechos de inseguridad cometidos en la jurisdicción de la Vecinal Zona Sur “Pedro A. Candioti” en el período 2019/20 (pre-pandemia).

Ambos trabajos de relevamiento apuntan a una misma zona. La boca del lobo se diseña desde el oeste en calle San Lorenzo hasta el este en 1ero de Mayo, y de norte a sur recorre avenida General López hasta arañar J. J. Paso.

La inseguridad no afecta solo a los residentes del Barrio Sur, sino también a quienes lo transitan por unas horas. Virginia es estudiante de Comunicación en el Instituto 12 (9 de Julio al 1700) pero vive en Santo Tomé. “A mí me robaron en Monseñor Zaspe y 1° de Mayo, donde espero el colectivo para volver a mi casa”, cuenta. En un golpe de suerte paradójico logró que el delincuente, que se trasladaba en una moto, le quitara nada más que el celular tras explicarle que en la mochila solo llevaba los elementos de estudio. “Ahora prefiero caminar 6 cuadras más para tomarme el colectivo, y cuando escucho que se acerca una moto se me congela el alma, se siente mucha impotencia”, dice Virginia sobre la intranquilidad que padece desde que la asaltaron.  

En la provincia de Santa Fe existe un evidente incremento en los hechos delictivos que derivan en más personas privadas de su libertad. Según un informe del Observatorio de Seguridad Pública si se compara el período 2011-2021 hay más del doble de presos en el territorio provincial. En el mismo relevamiento del 2021 se muestra que las unidades penitenciarias santafesinas padecen un exceso de detenidos, y entre los casos más complicados se encuentran Piñero, Coronda y Las Flores con un porcentaje de sobrepoblación del 44,4%, 27% y 24,7% respectivamente. En la ciudad de Santa Fe los casos de fugas en comisarías se han vuelto más comunes en el último tiempo, lo que se relaciona justamente con un desborde de la capacidad en las cárceles. A nivel provincial las sedes policiales tienen una sobrepoblación de 51,1% en promedio.

Ante la problemática que acarrea la inseguridad los últimos días de diciembre de 2021 la legislatura provincial sancionó la ley Nº 14.070. Con ella se declaró el Estado de Emergencia en Seguridad Pública y Servicio Penitenciario en la Provincia de Santa Fe hasta el 31 de diciembre de 2022. Su principal objetivo es “brindar seguridad a la población, resguardar los bienes públicos y privados, conjurar las acciones violentas y las problemáticas criminales en el marco de los paradigmas de la seguridad democrática”. Al Programa de Emergencia en Seguridad Pública y del Servicio Penitenciario creado con la ley antes mencionada se le destinan $3.000.000, para la lucha contra el delito en general. Por otro lado, los hechos concretos se pueden observar con el Plan de Inversión Policial a través del cual, a finales de mayo de 2022, el Ministro de Seguridad Jorge Lagna entregó 29 móviles policiales para el departamento La Capital y confirmó la apertura de dos Escuelas de Formación para personal de la policía (una en Rafaela y la otra en Reconquista).

 En lo que respecta a la Municipalidad, conscientes de esta situación, en  mayo se reunieron junto a las autoridades de gendarmería para definir la llegada y el desenvolvimiento de los efectivos a la capital. Otro proyecto que está en el tintero es el Comando Unificado de Seguridad que se compone por la policía provincial, el Ministerio de Seguridad, la Municipalidad y las Fuerzas Federales. El objetivo es que las distintas partes del Comando se desplieguen a lo largo y ancho de la capital. A principios de junio 200 federales desembarcaron en Rosario, pero al día de hoy la capital continúa esperando el arribo de las fuerzas de gendarmería. 

Sin embargo, y en contraposición a esto, en los últimos meses se observan resultados positivos y satisfactorios del convenio entre provincia y ciudad puesto en vigencia desde abril de 2022. Este acuerdo le entrega a la policía la facultad de retener motos en infracción (falta de documentación, chapa patente, etc.) en la vía pública y desde su puesta en marcha, según un informe del Ministerio de Seguridad de la provincia, se evidencia una baja del 48% en los delitos cometidos por motochorros. 

Los santafesinos sienten el peligro próximo, a la vuelta de la esquina, en sus propias calles, a un paso de distancia de sus hogares. Por debajo de las puertas principales se escurren suspiros de tranquilidad después de haber llegado a salvo a casa. Los reclamos son válidos y reales, las respuestas cargan más ineficiencia que soluciones concretas, mientras tanto el lobo sigue al acecho.

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