Lucía vive en barrio El Pozo y todas las mañanas espera el colectivo para ir a trabajar a un comercio del centro de la ciudad. Hoy, por segunda vez en el mes, la línea 2 demoró más de 50 minutos, y por segunda vez Lucía llegó tarde a su trabajo. El reto de su jefa y la amenaza de que una próxima vez será la última derivó en la bronca de la joven. Pagar 60 pesos por un transporte ineficiente es totalmente injusto, pensó. 

Esta situación ocurre a diario en la vida de los santafesinos. El sistema de transporte público atraviesa un momento crítico. La queja de los vecinos por demoras importantes sumado al reciente aumento de la tarifa y a la injusta repartición de los subsidios a nivel nacional, puso la cuestión en el ojo de la tormenta. 

La realidad es que a causa de la pandemia la flota de buses disminuyó sensiblemente y aún no logra cubrir a la cantidad de recorridos normales. Según la Municipalidad de Santa Fe el número de unidades funcionando un día tipo de abril de 2019 era de 185 móviles, en 2020 bajó a 65 (efecto covid) y en abril de 2021, según los últimos datos disponibles a los que pudo acceder El Estelar, se ubicó en 146 (78% en relación a la pre pandemia). Las empresas sostienen que no alcanza el presupuesto para aumentar la cantidad.  

“La cuestión del transporte público es que aunque viaje una persona o viajen sesenta el móvil hace el recorrido igual. Hoy Santa Fe no es redituable. El pasaje siempre costó 1 dólar, hoy $220. De esa plata $60 pone el usuario, $40 lo ponen los subsidios de provincia y nación y lo demás lo cubre la empresa. Es decir, que la compañía que presta el servicio tiene pérdidas. Pérdidas que se compensan con las ganancias de AMBA” sostiene Marcelo Duquez ex subsecretario de transporte de la municipalidad, docente de la Universidad Tecnológica Nacional  y experto en movilidad. 

Se entiende así que la cuestión principal es netamente financiera. Según Duquez se genera un círculo vicioso: problemas de presupuesto producen un servicio deficiente, la gente desestima moverse en colectivo y así disminuyen aún más las ganancias empresariales que vuelven a afectar sobre la calidad de la prestación. Un dato interesante se desprende del informe realizado por la Mesa de Movilidad (municipalidad y universidades): mientras que en 2019 el índice de pasajeros por km era de 2,5 en 2021 fue de 1,9. Y durante este año la tendencia no parece modificarse. La solución (quizá la única) sea una luminosa y gigantesca inversión destinada a mejorar definitivamente el transporte público de pasajeros. La pregunta es ¿Quién está en condiciones de hacerla?

Un esbozo de respuesta puede provenir de la repartición más federal de subsidios, hecho que se discute entre fuegos cruzados, a nivel nacional. En cuanto al Estado provincial, si se destinara mayor presupuesto al servicio de transporte público mejorando este tipo de movilidad en detrimento de vehículos como la moto (que ha crecido exponencialmente en Santa Fe) se podrían ahorrar millones de pesos de internaciones en hospitales públicos por los cientos de heridos y accidentados que se producen todos los años. Lo que se ahorraría en el Ministerio de Salud podría pasar al de transporte para mejorar una forma de movilidad más segura, y así invertir el círculo para volverlo virtuoso. Una cosa es clara: es el Estado en sus diferentes estamentos el que cuenta con la capacidad de solucionar el problema. El desafío, se escucha insistente de aquellos que conocen el tema, es hacer que la gente vuelva a tomar el colectivo. 

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